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Helga Flamtermensky: “Queremos posicionar el rol de mujeres inmigrantes y refugiadas como constructoras de paz”
Entrevistas
Alícia Oliver
15 dic 20251,564

Helga Flamtermensky: “Queremos posicionar el rol de mujeres inmigrantes y refugiadas como constructoras de paz”

mujeresperiodistas

Nacida en Colombia y de formación historiadora, Helga Flamtermensky lleva más de 25 años residiendo fuera, la mayor parte del tiempo en Cataluña, donde se ha dedicado al tema intercultural y a la salud mental en personas migrantes y refugiadas. Así, ha realizado tres posgrados, un máster y finalmente, el doctorado en Psicología Social.

Activista social por los derechos de las mujeres migrantes, Flamtermensky es fundadora y coordinadora de Mujer Diáspora, una organización que “trabaja para convertir las experiencias de las mujeres en conocimiento y ese conocimiento en herramientas que puedan ser transferidas a otras mujeres.” ¿Cómo surge Mujer Diáspora?

Cuando empezó el proceso de paz en Colombia, las colombianas empezamos a movilizarnos más y creamos una iniciativa que se llamaba la Comisión de Verdad y Memoria de las Mujeres Colombianas en el Exterior, así con el nombre tan extenso, pero era para que las mujeres sintieran que estaban apropiándose de cada una de esas palabras. Y como iniciativa social, una vez ya consolidada, -empezamos en Londres y en Barcelona- pasamos a llamarnos Mujer Diáspora, ya que unas mujeres se reconocían como exiliadas, como refugiadas, como migrantes, como víctimas, pero otras no, y en cambio, la palabra diáspora nos permitía resignificar nuestro papel hacia el país de origen y también, aquí, salir de la categoría “migrantes”, lo cual es todo un estigma, y podíamos posicionarnos de otra forma.

Por lo que cuentas, parece que había muchas sensibilidades, ¿no? Pues sí, y siendo respetuosas, nuestro objetivo era poder escucharnos todas. Podíamos tener diferentes intereses políticos o posicionamientos, pero somos una organización feminista, aunque también trabajamos con mujeres que no lo son. Decidimos que en nuestros espacios pudieran venir mujeres sin importar si habían sido víctimas de la izquierda, víctimas de la derecha, o sea víctimas de la guerrilla, de los militares o de los paramilitares o que no supieran quién había sido su victimario, sin importar qué ideología tuvieran. Eso nunca fue el centro, ni nunca definía el diálogo. Se trataba de ser capaces de escuchar y de dialogar sin importar de donde veníamos.

Háblanos de la metodología que utilizasteis.

Desarrollamos una metodología específica que se llama “memoria activa”, y después de muchos años, la hemos sistematizado. El Instituto Catalán Internacional para la Paz (ICIP) la publicó. Es una metodología que sobre todo es feminista y psicosocial, de carácter sensorial. Por ejemplo, en el caso de las mujeres colombianas, cuando empezamos con ellas, los diálogos eran en torno a la comida y esto desarmaba cualquier intención, cualquier malestar de encontrarse con alguien con quien ideológicamente no te sentías cómoda. Era algo muy consciente y manteníamos los sentidos bien despiertos para generar alegría, disposición para hablar, para escucharnos. Y lo hacíamos a base de muchos estímulos, desde la comida al cocinar juntas, la música, pequeños objetos de decoración que te hacen guiños a tus recuerdos… Es un trabajo también que busca activar determinados neurotransmisores para generar confianza que es algo que no tenemos, por lo menos, en Colombia ya que la guerra nos lo quitó. Pretendemos generar confianza entre mujeres desconocidas. De alguna manera has conseguido juntar las dos profesiones: la de historiadora y la de psicóloga social.

Pues, sí y en principio, no tenía ganas de trabajar con mujeres colombianas ya que la situación me dolía. Pero cuando empezó todo el tema de paz y empezamos a hacer la Comisión de Verdad fue para mí un retorno también a Colombia, a través del trabajo que hicimos, de los relatos que podíamos escuchar. Quizás lo que más nos impactaba era como muchas mujeres habían roto su relación con el país, y llevaban más de 20 o 30 años sin volver, sin tener ningún tipo de contacto con el país. Fue impresionante, y ver también cómo después cambiaron su perspectiva y han vuelto como algo sanador.

Fue impactante también comprobar, desgraciadamente, que la violencia sexual era mucho mayor de lo que nosotras nos imaginábamos, y como las mujeres, aún viviendo historias tan terribles, eran capaces de narrar su historia, no desde el dolor, sino como auténticas guerreras, transmitiendo fortaleza, y eso fue muy importante para nosotras.

¿Cómo ves el país en la actualidad con los últimos atentados y asesinatos que ha habido?

Lo más fácil era pensar ya que Colombia ha firmado los Acuerdos de Paz, pues hay paz, pero eso no funciona así. Fue un alto el fuego, como lo que está pasando ahora en Gaza. La paz es cuando la gente puede regresar a sus hogares sin problemas. Los niveles de violencia quizás han disminuido por parte de un grupo armado, pero sigue habiendo mucha violencia. Hay cosas que han cambiado, efectivamente, porque hay todo un aparato para la implementación de la paz que funciona, pero existen los niveles de violencia y una cultura que está muy arraigada a la dinámica de la guerra, del narcotráfico y eso es muy difícil de controlar. Por tanto, todavía hay mucha gente que necesita ayuda, que tiene que salir huyendo de sus territorios, y por eso digo que retornar no es una opción ahora mismo.

Este año se han cumplido 25 de la aprobación de la resolución 1325 de Naciones Unidas sobre Mujeres, Paz y Seguridad. ¿Las mujeres colombianas participaron de forma activa en el proceso de paz, tal y como insta esta resolución?

Nosotras hacemos parte de la Red Latinoamericana de Mujeres, Paz y Seguridad donde representamos a la diáspora latinoamericana y este año hicimos un informe con varios países latinoamericanos sobre cómo se ha implementado la 1325 en nuestros países. En el caso de Colombia, la 1325 ha sido fundamental para el movimiento de mujeres. Siempre se han sentido protegidas, como si tuvieran un paraguas internacional fuera del gobierno colombiano, para poder poner sobre la mesa las violencias que estaban viviendo las mujeres, los feminicidios, la violencia sexual… Darles marcos legales como esta resolución ha sido fundamental, y esto ha sido así gracias al movimiento de mujeres que está ahí, insistiendo, siempre.

Supongo que existe una relación entre las mujeres colombianas de la diáspora y las que permanecen en el país, ¿no?

Siempre hemos estado muy en contacto con todas las organizaciones de mujeres, pero tenemos una relación muy cercana con Ciase, que es una organización feminista y con ella venimos trabajando muy de la mano desde hace muchísimos años. También con otras organizaciones como Mujer y Futuro, de Bucaramanga. Siempre hemos regresado a hacer activismo desde la diáspora, a través de los afectos, con quienes tenías más cercanía, y así hemos ido conociendo a otras organizaciones. Aunque no fue fácil que desde Colombia reconocieran que nosotras teníamos, también, derecho a participar dentro del país; eso nos ha tocado discutirlo bastante, pero fuimos posicionando el concepto de diáspora y, por ejemplo, hoy en día el Ministerio de la Cancillería ya habla de diásporas, y hay políticas, hay representantes de las personas en el exterior. Se ha avanzado, pero en un principio solo nos veían como migrantes que enviaban sus remesas y nada más.

Hablando de diásporas ¿tenéis relación con mujeres de otras diásporas? Nosotras empezamos con la Comisión de las Mujeres, después llegó la Comisión de la Verdad del Gobierno colombiano, donde también participamos, y tomamos testimonios para el gobierno a víctimas y a victimarios, y una vez se terminó este proceso, varias de nosotras decidimos que no queríamos trabajar solamente con Colombia. Así, desde el 2018, hemos estado trabajando con mujeres de otras diásporas, con mujeres de Ucrania, de Siria, de Líbano, de Nicaragua, de Afganistán… Trabajamos de forma muy tranquila, desde la seguridad y haciendo las cosas de manera diferente a lo que se espera de las migrantes que es hacer talleres y sensibilización. En cambio, nosotras nos reunimos en pequeños espacios, haciendo incidencia de bajo perfil para posicionar el rol de mujeres inmigrantes y refugiadas como constructoras de paz, porque solo se nos reconoce como migrantes, y no es el rol que queremos. Creemos que Cataluña debe incluir la perspectiva de construcción de paz en las políticas de atención a migrantes y refugiadas. Si son personas que vienen huyendo de guerras, tienen que ser atendidas desde una perspectiva de paz.

¿Qué nexos de unión podéis encontrar entre las diferentes diásporas?

Es increíble, cuando empezamos a encontrarnos entre nosotras, yo pensaba que iba a ser muy diferente, y en realidad no es así. Sobre todo, porque trabajamos con motivos muy desde la parte afectiva y siempre decimos que las mujeres cargamos con heridas físicas, cognitivas, emocionales, espirituales. Y cuando pones esto sobre la mesa, todas las mujeres se sienten identificadas, y empezamos a encontrar muchas cosas en común, muchas. Y creamos espacios tranquilos y seguros, no gigantes, porque ahora mismo lo que cuenta es la seguridad y el cuidado.

Y si trabajáis en pequeños espacios y con perfil bajo, ¿cómo contactáis con las mujeres? ¿Cómo llegan a conocer vuestros proyectos?

Bueno, ahora mismo, nos conocen bastantes mujeres. Con ellas estamos haciendo trabajo de memoria histórica, porque creemos que las mujeres tienen una historia que contar y cuando la cuentan hay un proceso de sanación, de liberarse, o de posicionarse históricamente.

Aquí hicimos un trabajo muy lindo, fue el primero que realizamos con las mujeres de diferentes diásporas: revisar los diferentes planes de acogida a personas inmigrantes y refugiadas. Primero, identificando qué derechos humanos no encontraban en estos planes y después, el análisis emocional. Y en lugar de hacer un informe -que nosotras ya no hacemos- lo convertimos en arte, ya que tenemos una línea que se llama “Ante el dolor, belleza”, donde reconocemos que todas venimos de contextos complejos, de diferentes lenguas, que somos diversas, pero que hay cosas que nos unen.

Y encontramos, por ejemplo, que la poesía nos permitía recoger el impacto que tenía la lectura hacia la política pública catalana de la atención a personas migrantes y refugiadas. Fue precioso, hicimos poesía. Y con eso hemos ido dialogando con los diferentes actores catalanes, a través de la poesía.

Publicado el : 15 de diciembre de 2025

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